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El Lento Ascenso De Clara Daniels - Christy English

El Lento Ascenso De Clara Daniels - Christy English

Traducido por Ainhoa Muñoz

El Lento Ascenso De Clara Daniels - Christy English

Extracto del libro

LOS ÁNGELES, 2019

El ruido de la multitud más allá de las puertas del coche de Clara era como el rugido sordo del mar a lo lejos. El sonido subía y bajaba en olas, aumentando a medida que cada automóvil de lujo se acercaba al teatro y la celebridad que transportaba salía a la luz.

Clara se reclinó en el asiento de cuero de su limusina. Observaba a través de los cristales tintados mientras los paparazzi se daban codazos por situarse más allá del cordón rojo, luchando entre ellos como los tiburones que olían la sangre. Se habían reunido para ver a la gente rica y famosa que asistía al estreno de la película de ella, para comerse la carne que les alimentaba. Clara suspiró. Hace mucho tiempo aprendió que la prensa era una sanguijuela en el cuerpo de Hollywood que no se podía quitar.

Nick, su joven coprotagonista, se inclinó sobre ella para ver mejor a los fotógrafos más allá de las ventanas, apretujándose sobre la chica y arrugando su vestido. Este era su primer estreno, y en los extremos de su mente, Clara podía sentir su emoción mezclada con la punzada aguda del miedo mientras este miraba el mar de rostros más allá del cristal.

Clara sintió una pizca de orgullo casi maternal por lo guapo que era él. Apartó el mechón rubio de Nick de los ojos de este. Con la película estrenada, dentro de un mes, si no antes, su relación se acabaría. Ella siempre pensaría en él con cariño. Pese a su edad, que figuraba en el comunicado de prensa de este, apenas dieciocho años.

Se vio deseando que Nick no fuese un insulso, que alguna chispa de inteligencia iluminase sus ojos para poder hablar con él, si no con verdadera intimidad, al menos como un igual.

Esa imposibilidad hizo que se riera de sí misma, y Nick se giró para sonreírle. Esta fortaleció sus escudos mentales bajo el calor de su mirada.  Sabía que era mejor no leer sus pensamientos. Siempre se preocupaba por desconectarlos. El barranco vacío de su mente era demasiado deprimente para contemplarlo.

Clara escuchaba los pensamientos de la gente en la multitud. Sus mentes eran un pequeño rugido, un revoltijo de ruido que casi no tenía sentido. Los pensamientos de las personas que estaban fuera de su coche pasaron fluyendo como una marea entrante. Esta se relajó y se dejó llevar. Permitió que su mente flotase en la superficie de ese gran océano, aquel en el que había nadado durante toda su vida.

Nick se ajustó la corbata de su esmoquin y ella le besó.

-No te preocupes-dijo ella-Estarás bien.

Alguien abrió la puerta del coche y no hubo más tiempo para hablar. Clara salió al brillo de las luces, cegada por los flashes. Esta se mantuvo firme hasta que sus ojos se adaptaron al asalto. Después avanzó sonriendo.

Nick la siguió fuera del coche. Mostró su tímida sonrisa a los fotógrafos, apartándose el flequillo de los ojos con su característico gesto juvenil, pero Clara sabía lo que tenía que hacer. Miró más allá de los periodistas, hacia las gradas, donde su público estaba sentado esperándola. Si se salía con la suya, los fans estarían allí y la prensa podría arriesgarse.

Se giró hacia la gente que estaba en las gradas y les dedicó una sonrisa deslumbrante. Las personas allí presentes comenzaron a gritar su nombre, agitando los brazos y chillando. Clara les devolvió el saludo con un largo movimiento de su brazo. Se giró para que su público pudiese ver bien su vestido de lentejuelas. Tenía la espalda al aire y el vestido caía hasta convertirse en una bola de material suave justo por encima de la curva de sus caderas. Pudo escuchar a las mujeres murmurando entre ellas en señal de aprobación. Los hombres también dieron su visto bueno, pero en silencio.

Como homenaje a su público, a las personas gracias a las cuales tenía comida en la mesa y una piscina climatizada, Clara se dirigió a la prensa.

-¡Clara! ¡Aquí!

-¿Cuál es tu próxima película?

-¿Quién es ese tipo, Clara?

-¿Estáis comprometidos?

Clara tomó a Nick del brazo. El muchacho estaba empezando a sentirse abrumado. Incluso con su ego, era difícil presentarse ante toda la prensa por primera vez. Y los paparazzi no le hablaban.

Ella sonrió a la prensa, ofreciéndoles una buena perspectiva de la parte trasera de su vestido, antes de llevar a Nick hacia la puerta del teatro.  Un grupo de cámaras de televisión les recibió allí y Clara se detuvo para dar algunas entrevistas de una sola frase. Sabía cuál era su trabajo y lo hacía bien. Valía la pena prodigarse por los medios de la televisión.

-Clara-una mujer de Entertainment Now extendió un micrófono-Entendemos que Nick y tú tenéis una relación muy cercana desde que rodasteis juntos ¡Grita!

Clara mostró su misteriosa sonrisa enseñando muy pocos dientes. Nick miró valientemente a las cámaras. Ella pudo sentir su miedo por la rigidez de su brazo.

-Nick y yo lo pasamos muy bien trabajando juntos. Espero que podamos volver a hacerlo-la voz de Clara acarició las palabras de la última frase mientras pasaba la mano por el brazo de Nick.

Su roce le calmó y le sintió relajarse.

Le llevó hacia delante y habló con algunos periodistas más antes de entrar en el teatro.    Una vez que estuvieron dentro, Nick se quejó.

-Mierda. Qué cosa tan salvaje-dijo.

Clara sonrió, quitando el eterno mechón de pelo de su frente. Después le besó.

-Lo has hecho bien-dijo.

Este le sonrió como si fuese un niño al que le acaban de dar un caramelo.

-Así que esta noche saldremos por televisión, ¿eh?

La sonrisa de Clara se deslizó un poco-Yo diría que es algo casi seguro-comentó.

PALM SPRINGS, 2009

La última vez que Clara vio a su tía April fue cuando cumplió doce años. Estaba saltando por encima de las piedras del desierto cuando escuchó las ruedas del Lincoln alquilado sobre la grava calcinada por el sol del camino circular. El sol llevaba horas ahí y pronto haría demasiado calor para seguir jugando en el desierto. Clara corrió al patio delantero de la finca de su madre y se escondió detrás de un pino. Su tía salió del coche y le dio las llaves al hombre cuyo trabajo consistía en aparcar todos los vehículos de visita en el garaje de diez plazas de la finca.

Clara se puso de pie, respirando el fresco aroma del árbol hasta que el hombre se marchó. Después salió, contemplando silenciosamente a su tía. April era todavía más hermosa de lo que Clara recordaba, la piel lechosa de su rostro enmarcaba sus ojos verdes. April se rio.

-¿De dónde vienes, Clara? Eres tan silenciosa como un indígena.

-¿De qué tribu?-preguntó Clara.

April volvió a reírse pero no respondió. Rodeó a Clara con los brazos. La niña se quedó firme hasta que recordó que para ser abrazada una tenía que devolver el abrazo. Se relajó y sintió que la tensión se escapaba de su cuerpo como el agua. No estaba acostumbrada a que la tocasen, pero se recordó a sí misma que April era diferente. April la quería.

Apretó su cara contra el traje de seda de April y aspiró la esencia del perfume ligero de su tía. La seda contra su mejilla era del color de los aguacates pelados que le encantaban a su madre. Ella sabía que April había venido para su cumpleaños y quería sorprenderla. Clara le brindó a April una de sus extrañas sonrisas. Su tía parpadeó a la luz de esa sonrisa, apartando el cabello de la niña de su rostro.

-Alejémonos de este calor-dijo.

La tía April apretó el hombro de Clara y la niña se adelantó hacia la mansión de su madre. El vestíbulo estaba fresco y el suelo de mármol brillaba bajo sus pies. Clara pudo escuchar el leve zumbido de un aire acondicionado en algún lugar de la casa.

-¿Dónde está tu madre, Clara?

-No lo sé-la niña se encogió de hombros, fingiendo indiferencia.

-¿Está aquí?

Clara miró a su tía a los ojos-No-dijo.

April se apartó un mechón del ojo-Bueno, entonces almorzaremos juntas-comentó.

Clara disfrutó del contacto con su tía cuando April la tomó de la mano.

Se sentaron en el invernadero frente a los jardines aterrazados. Los lujosos muebles tenían cojines de un color blanco brillante y el cristal filtraba la dura luz del sol, aunque no evitaba que entrase el bochorno. Siempre hacía calor en el invernadero, pero era el lugar favorito de Clara en la casa. Más allá de los jardines, más allá de los prados y los pinos, podía ver el desierto reluciente.

El ama de llaves, Carol, trajo bocadillos y limonada, y Clara pidió trozos del pastel de manzana que la cocinera le había preparado esa mañana, además del té de hierbas que le encantaba a April.

Clara observó a su tía por el rabillo del ojo. Vio que April tensaba la mandíbula mientras esta miraba hacia el desierto y supo que su tía estaba enfadada. Sin embargo, no podía leer los pensamientos de April, como tampoco podía leer los de su madre. Más allá de la única pregunta para la que Clara anhelaba tener una respuesta, estaba convencida de que su madre no tenía pensamientos interesantes en la cabeza. Sin embargo, deseaba poder ver detrás de los ojos de su tía, aunque solo fuese por un momento.

La Fuente - C.S. Luis

La Fuente - C.S. Luis

Severaine - KJ Simmill

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